Un bachillerato con rumbo

jueves, 19 de enero de 2012

"Ser o no ser"



Ser, o no ser. Esa es la cuestión.
Ante el compromiso que la Dirección de la Escuela se ha echado a cuestas respecto a la construcción de un plan estratégico institucional y con la libertad que se me ha conferido para opinar acerca del mismo y proponer posibles cambios o mejoras, con el debido respeto me permito expresar lo siguiente:
Con la cuestionable inserción de nuestro país al club de los países desarrollados afiliados a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el Estado mexicano se ha visto impelido a adoptar políticas públicas comunes mediante las cuales todos los países miembros se comprometen a planear, ejecutar y evaluar de conformidad a los estándares que son fijados por la propia organización. Estándares que, es justo reconocerlo, muchas veces se contradicen con nuestros modos de ser, con nuestros hábitos y costumbres derivados de una cultura que se reproduce como característica que le da un sello personal al Ser mexicano. Entre esos modos de ser, aunque no exclusivo de los mexicanos, está la resistencia al cambio, resistencia a todo aquello que venga a desestabilizar el statu quo y a movernos de nuestra zona segura, la zona de confort, aquella que ya dominamos y con la cual estamos familiarizados.
Dentro de las políticas públicas que como país estamos obligados a adoptar al ser miembro de la OCDE está la que se refiere al sector educativo, con el deber insoslayable de incorporar a la prestación del servicio todo el conjunto de estándares de planeación, ejecución y evaluación propios de una empresa privada. Es una política neoliberal, dicen sus detractores, como si todo aquello que conlleva una planeación metódica y detallada fuese negativa y por lo contrario hubiese que mantenernos en un sistema de libertades en las “que cada persona asuma el compromiso moral de cumplir”, sin estar sujeto a fiscalización de ninguna especie, más que a la buena voluntad de los prestadores del servicio. Dicho de otra manera, nos rebelamos ante la posibilidad de sujetarnos a reglas que normen nuestro quehacer puesto que es más cómodo poder argumentar la tan llevada y traída “tolerancia”.
Este es el verdadero fondo. Por una parte el currículum oculto de un modelo educativo afín a los intereses del gran capital con el que el Estado Mexicano ya está comprometido y, por la otra, la resistencia a cambiar de modelo. ¿A cambiar de modelo? ¿Cuál modelo practicamos? ¿Acaso en verdad practicamos algún modelo educativo que no estamos dispuestos a dejar? ¿O es que en realidad hay tantos modelos como cada uno de nosotros? O en todo caso, díganme ustedes cuál es el modelo que se practica conscientemente, institucionalmente, como política educativa de esta y otras escuelas. En este sentido, si no estamos convencidos de forma unánime de que en verdad practicamos algún modelo, entonces quizá esta sea la oportunidad de intentar adoptar por lo menos uno, que sea homogéneo en sus tiempos, en sus contenidos, en la estandarización de sus procesos e indicadores, en su planeación y evaluación.
Se equivocan quienes creen que este es un programa de gobierno que, al igual que otros, pronto caerán en el olvido. Este no es un programa, este es un modelo educativo por competencias de cobertura mundial al cual los países en vías de desarrollo estamos llegando tarde. No es coyuntural. No es una invención de nuestros políticos; es una imposición de las nuevas condiciones sociopolíticas y económicas que predominan en el ámbito internacional. Será sumamente difícil que en los próximos lustros pueda haber un retroceso en esta ruta que tenemos marcada. La tendencia será más bien hacia la consolidación.
He escuchado argumentaciones de algunos de mis compañeros en el sentido de que a pesar de nuestras debilidades institucionales existen muchas otras escuelas hermanas que sufren deficiencias mayores, en lo directivo, en lo académico, en lo organizacional y en la disciplina, entre otras.
Podemos aceptar y reconocer que esta ha sido nuestra historia: maestros y directivos improvisados que nos vanos haciendo en la brega. “Unos” –como se dijo en el curso de liderazgo - con ánimo y deseo de transformarse positivamente para ser mejores y prestar un mejor servicio público profesional y los “otros”, simulando, haciendo que trabajan, ante la latente inconformidad por el horario, por la indisciplina, por la ausencia de liderazgo, por el sueldo, por la falta de reconocimiento social, sindical y oficial, en fin… motivos sobran para estar inconformes…
No obstante, el que otras escuelas estén iguales o peores no debe ser ningún consuelo. Me parece que ante una actitud mediocre y conformista debe surgir de nosotros el reto de ser mayormente competitivos. El ser competitivos radica luchar a cada instante por ser mejores y superar cada vez nuestros propios logros. La competencia es contra nosotros mismos, establecer estándares de calidad y superarlos, en una espiral ascendente que nos eleve a mejores estadios no sólo de calidad, sino de excelencia.
Ahora bien, respecto al proyecto de Plan Estratégico, me permito exponer lo que a mi juicio adolece, no sin antes reconocer la sana intención que se antepone para su realización y cuyo objetivo central está en lograr la certificación institucional y lograr acceder a los beneficios que reporta el estar certificados dentro del Sistema Nacional de Bachillerato (SNB).
PRIMERO.- Se requieren datos duros procedentes de un estudio socieducativo en el que se contemplen entre otros aspectos los relativos a la ubicación geográfica, porcentajes de estudiantes por género, capacidad económica, composición religiosa, ocupaciones de los padres de familia, condiciones materiales en las que viven, su relación con las tecnologías de la información, actividades principales en los ratos de ocio, ingresos económicos, etc. Por lo que toca a los docentes, establecer perfiles (por grupos o áreas), preparación profesional, actividades complementarias fuera de las horas laborales, rangos de edad, enfermedades más recurrentes, etc.
SEGUNDO.- La parte académica es fundamental y salvo algunas observaciones en la designación de responsabilidades que me han comentado algunos compañeros, me parece que deben incorporarse al plan los aspectos financiero y material. El financiero partiendo de los recursos con los que contamos, de dónde surgen, a cuanto ascienden en cada unos de sus conceptos: por inscripciones, por exámenes extraordinarios, por cooperaciones voluntarias, por concesiones, etc. y una programación detallada de inversiones de corto, mediano y largo plazo, alineados con las necesidades materiales y planes de ampliación y mejora de los espacios académicos, recreativos, deportivos, anexos, equipamiento, mobiliario, material de oficina, celebraciones, conmemoraciones, convivios, etc. El incluir estos aspectos brinda claridad, transparencia y confianza a todos los involucrados.
TERCERO.- Valorar la posibilidad de establecer principalmente metas realizables, cuantificables y medibles. No tienen que ser tan numerosas, pero sí efectivas.
CUARTO.- Considerar la inclusión de los padres de familia, incorporando sus metas a los objetivos generales de la institución.
QUINTO.- Aun cuando el proyecto hace referencia a “estándares de calidad”, en ninguna parte del documento se precisa y mucho menos se desarrollan estos conceptos. ¿A qué estándares se refiere? ¿Cómo los vamos a medir? O mejor aún, si vamos a incluirlos cuáles son nuestros referentes, por lo menos de los últimos tres años a la fecha para saber cual es el suelo que pisamos para luego voltear hacia el sitio al que deseamos llegar o la meta que pretendemos alcanzar.
Por otra parte, para llevar a cabo este plan ¿No creen que vale la pena plantearnos cómo resolver problemas básicos que nos permitan establecer condiciones mínimas de armonía institucional? ¿A que me refiero? Hace algunos meses se me solicitó la colaboración para legislar en torno al reglamento escolar. Desde su publicación a la fecha no he observado los resultados de su aplicación. Mucho ojo: Cuando una persona trabaja por semanas con ahínco y no observa los resultados de su trabajo viene el desaliento y la resistencia para seguir colaborando. El mejor estímulo del docente – y de cualquier persona - es observar los resultados de su esfuerzo.
Un plan institucional no solo requiere de valores, éstos desafortunadamente muchas veces no trascienden a la persona y sólo se quedan en el libre albedrío de lo que la parte espiritual le dicta, lo grave es que a veces no nos dicta nada. Los valores entonces son palabras huecas, llamadas a misa… demagogia…
Un plan institucional tampoco puede partir sólo con el “compromiso” de los actores. Existen normas creadas que regulan y sancionan la irresponsabilidad, la apatía y la negligencia. Igualmente, existen estímulos para quienes cumplen con sus obligaciones de asistencia, puntualidad y calidad en el trabajo, tanto por la línea sindical como por la oficial. ¿Cuál es el temor a aplicarlas? Si queremos resultados diferentes propongámonos ser diferentes, no eludiendo responsabilidades.
El maestro, el intendente y el administrativo a su quehacer sustantivo y los directivos a planear, supervisar - hoy se dice acompañar – y a cumplir y hacer cumplir las normas tanto para maestros como para alumnos. Sin transferir ni unos ni otros, las responsabilidades que le son propias.
Como docente aspiro a contar con mis listas de asistencia al primer día de labores del semestre, con el 100 % de los alumnos inscritos. Cuando esto ocurra observaré los primeros indicios de que las acciones de calidad se están estandarizando y comenzaré a creer que la calidad institucional llegó a nuestra escuela.
Se puede argumentar que debido a la realidad social esto es imposible. Compañeros: La construcción de la realidad está al alcance de nosotros. Nosotros podemos construir nuestra propia realidad, por lo menos podemos ir comenzando a cambiarla. ¿O es que ni siquiera vamos a intentarlo?
Cuando el 100 % de los alumnos acudan, sin excepción, todos los días de la semana con el uniforme reglamentario comenzaré a creer en la aplicación de acciones – no de compromisos – tendientes a mejorar la disciplina, la actitud y el desempeño académico de los estudiantes.
Cuando se revoque la decisión de permitir a los estudiantes que los viernes pueden venir con ropa normal debido a que fueron ellos los que incumplieron su “compromiso” de venir todos los días perfectamente uniformados, me convenceré que en esta institución se forman a los hombres y mujeres que como adultos sabrán honrar su palabra.
Cuando las primeras aulas – dos o tres, como meta de corto plazo – las que sean, se acondicionen para trabajar bajo el nuevo modelo, con el número de alumnos recomendable y con el mobiliario indicado para trabajo colaborativo, me convenceré que es el inicio efectivo de una nueva etapa. No en el discurso sino en las acciones. Lo anterior incluye revisión y solución a fondo, del sistema eléctrico y equipamiento.
Cuando vea una intensa y organizada clase de educación física que incluya calistenia, tablas gimnásticas, deportes individuales y de conjunto me convenceré que la activación física es una realidad en la formación integral que hasta la fecha sólo está en el discurso.
Cuando observe que los recursos como la energía eléctrica se utilizan de forma óptima, abatiendo significativamente el consumo y los costos, pero sobre todo, cuando vea que “alguien” sistemáticamente supervisa que a determinada hora no debe estar encendida una sola lámpara en toda la institución creeré que se hace efectiva una política de cuidado ecológico y de ahorro económico.
Cuando constate que esa frase tan trillada de que “nuestra prioridad son los estudiantes” se lleve a efecto y trabajemos el 100 % de los días y horas laborables, por los que nos pagan, y cuando todos los maestros entremos a trabajar a los grupos que nos corresponden y cuando vea a los directivos que todos los días y a todas horas – y no sólo cuando se acuerden - supervisan el debido acatamiento a nuestras jornadas laborales, entonces voy a creer que esto va en serio.
Cuando las grandes disparidades y discrepancias en las formas de gestionar el proceso evaluativo se corrijan para homologar procesos; Cuando todos los docentes respetemos y los directivos hagan respetar los calendarios, en día y hora, establecidos para aplicar exámenes ordinarios y extraordinarios; Cuando alumnos y docentes dejen de jugar a la evaluación y se ganen todos el respeto por la firmeza en la toma de decisiones, y el respeto a las acciones estandarizadas, entonces y sólo entonces creeré que estamos preparados para retos mayores.
Señores, en esto de la evaluación vivimos un verdadero desorden y falta de seriedad: maestros que tienen 100% de aprobación y entre 9 y 10 de promedio grupal; maestros que exentan en los periodos; maestros que aplican exámenes ordinarios o extraordinarios más de una vez al mismo alumno en el mismo periodo (Les “ayudan”. Les dan una “oportunidad”, como si no hubiesen tenido las suficientes); maestros cuyo único rasgo a evaluar es el de conocimientos.
¿Y donde está la evaluación continua? ¿Dónde dejamos la evaluación por competencias? ¿Dónde dejamos la autoevaluación y la coevaluación? ¿Dónde dejamos la evaluación de habilidades y actitudes?; son preguntas que exigen respuesta. Y por si fuera poco la irresponsabilidad de algunos que se dan el lujo de entregar cuando quieren los resultados de sus evaluaciones, si es que las entregan y si es que los directivos se las piden ocasionando con ello un freno al trabajo tutorial que también, hay que señalarlo, brilla por su ausencia.
Cuando un compañero maestro, o directivo, con extraordinaria solvencia académica, fiscalice sistematizadamente mis secuencias didácticas, baterías de evaluación y gestión de clase, me convenceré que la aplicación de la reforma está por buen camino.
En fin…
Compañeros:
Como ven, el camino no es fácil. Se requiere el compromiso de todos y algo más. Hay algunos que creen que esto sólo es posible lograrlo en las escuelas privadas.
Para desgracia o para fortuna nuestra trabajamos en escuela pública, luego entonces… sólo nos queda caminar hacia adelante… o quedarnos donde estamos… Ser o no ser, esa es la cuestión
…

sábado, 4 de julio de 2009

Comunicación y educación


La educación consiste en un proceso de aprendizajes que tiene lugar durante toda la vida del ser humano. Casi desde el momento de nacer y hasta el momento de morir los individuos se encuentran sujetos a ciertos estímulos exteriores que son los que determinan en última instancia su forma de actuar, su manera de pensar, sus capacidades y aptitudes. Dichos estímulos son generados a partir de un primer círculo familiar y se va extendiendo en diferentes entornos sociales en donde interacciona el individuo. De ahí que podemos asegurar que el proceso educativo comienza en el hogar, con los padres y los hermanos, en principio, y con los abuelos, primos y tíos, después. Es en el hogar donde se pronuncian los primeros balbuceos que más tarde se convertirán en sílabas y finalmente en palabras, frases y oraciones que, a fuerza de escucharlas con frecuencia y repetirlas reiteradamente, se van quedando grabadas en la inteligencia.
Sin embargo existe “algo” que vincula – además del parentesco- a unas personas con otras. Ese “algo” que sirve como hilo conductor de ideas es el lenguaje, base de toda comunicación mediante el cual los conocimientos se van transmitiendo de persona a persona y de generación en generación. Así, entendemos por educación, en sentido amplio, la construcción de significados que el individuo realiza a partir de la interacción que tiene con otros seres de su misma especie en su entorno inmediato. Luego entonces, en sentido estricto, la educación es la construcción de significados que tienen como base la comunicación; entendida como el conjunto de recursos personales, psicológicos y pedagógicos que un profesor o profesora utiliza o puede utilizar en su relación con el alumnado para establecer una buena comunicación cargada de sensibilidad y afectividad para ayudarle en su crecimiento.
Las formas de comunicación en el salón de clases deben ser de tal manera que prive un ambiente en donde predomine la armonía y sea tierra fértil para el fomento de la enseñanza aprendizaje. Deben ser comunes las miradas comprensivas, el estímulo, las palabras acariciantes y llenas de ánimo. Un ambiente lleno de afecto ayuda a aprender.
Ante el bombardeo constante de los medios de comunicación, la tarea de la educación es contribuir a la formación de perceptores críticos, y creadores, capaces de asumir actitudes de reconfiguración, construcción y búsqueda del verdadero significado de las imágenes y símbolos en el que niños, jóvenes y adultos están inmersos para no permitir que sean alienados y desubicados con respecto a la realidad.
Del mismo modo, considerando que toda tecnología tiende a crear un nuevo mundo circundante para el hombre, es pertinente reflexionar sobre otras formas de comunicación, entendiendo con ello que no tenemos por que “casarnos” exclusivamente con alguna de ellas. Al final de cuentas todas las formas de expresión de ideas son importantes.
En la educación tradicional priva el modelo unidireccional de comunicación que es llamado modelo bancario de comunicación. Se caracteriza por ser de tipo transmisor porque el profesor (emisor) deposita información en sus estudiantes (los receptores) para que sea reproducida fielmente. El emisor envía mensajes permanentemente a sus receptores y estos mensajes no tienen retorno, no tienen respuestas porque no hay interactividad, ni comunicación de doble vía. El uso pedagógico de las nuevas tecnologías en la educación obliga a la interactividad; que se puede dar a través de teléfono, fax, Internet, correo electrónico, correo tradicional. Los mensajes que se articulen a través de estos medios deben ser bidireccionales. Cuando el profesor habla o elabora un texto escrito, un material audiovisual, o también cuando escribe en el tablero o en el papelógrafo, o cuando lo hace en acetatos o produce un video, un sonoviso, o cuando se encuentra realizando una teleclase, debe pensar en sus alumnos y en las posibilidades para una mejor comprensión.
Las relaciones pedagógicas que se establezcan tanto en las aulas presenciales, como a distancia y a través de la educación virtual -entre profesores y estudiantes y estudiantes entre sí- son actos intrínsecamente culturales que inciden profundamente en la calidad de la educación y en el desarrollo humano. Si todo lo que el hombre hace está mediado; si no hay ser humano posible sin mediaciones; reconozcamos entonces como un espacio amplio de reflexión y de trabajo la mediación educativa. Es preciso por parte de los docentes de todos los niveles y de todas la áreas, una revisión y análisis desde la mediación pedagógica de cada uno de los medios y materiales que se utilizan para la educación; desde la voz, y el gesto, pasando por el libro hasta el hipertexto o las redes: textos, fotocopias, videos, materiales electrónicos, para que verdaderamente acompañen y promuevan el aprendizaje de los estudiantes y contribuyan a su formación integral y a una educación de calidad.
Las Nuevas Tecnologías han impactado de tal manera la sociedad que es imposible prescindir de ellas, bien sea que la escuela, el aula o espacio didáctico, las tenga o no. Sin embargo, su utilización es la de mediadoras entre el docente, el saber (objeto de estudio) y el estudiante. Hasta ahora se ha descuidado el papel del educador como mediador y el papel de estas tecnologías como mediadoras de los procesos de enseñanza y de aprendizaje. Al entender las nuevas tecnologías como mediadoras, se hace necesario enfatizar que éstas no van a eliminar los problemas conceptuales que deben ser resueltos por el docente y el estudiante. La forma como conoce el docente, sus pensamientos, sus creencias en torno al saber específico y pedagógico, es reflejada mediante la tecnología que él escoja para proponer el objeto de estudio ante la clase. Nuestra experiencia de la realidad es transformada cuando usamos instrumentos, en este sentido las realidades presentadas por los medios son alienantes. La tecnología tampoco es neutra, en el sentido de que su uso proporciona nuevos conocimientos del objeto, transformando, por la mediación, la experiencia intelectual y afectiva del ser humano, individualmente y en colectividad;
Por ello, se necesita que el docente se comprometa a cambiar la manera de mediar el conocimiento y, por supuesto, cambie el modo de entregarlo a los estudiantes. Lo cual conduce a la reelaboración de los fines de la educación y a multiplicar los destinatarios de la misma. En este sentido se hace necesario reflexionar sobre la función social del saber que se obtiene y se desarrolla a través de la Mediación Pedagógica, en donde necesariamente entran en escena el maestro, el estudiante, el conocimiento, las nuevas tecnologías de comunicación e información y la cultura en un entorno específico.
La manera de abordar al proceso didáctico tiende a otorgarle relevancia a la comunicación en sus diversas formas, aspecto que muchos profesores pasamos por alto la mayoría de las veces. Aquí encontramos la importancia que revisten las actitudes gestuales, mímicas, de expresión corporal, entonación y modulación de la voz. En este sentido, pues, debemos concebir al docente como una persona experta en el dominio del escenario que puede ser el salón de clases u otro espacio didáctico.
Por otra parte, entendemos que así como los medios de comunicación pueden llegar a convertirse en factores alienantes para los alumnos, podemos utilizar a favor de la educación, con sentido crítico y reflexivo, todos los recursos habidos y por haber, desde la voz hasta la televisión, el video, el hipertexto, rotafolio, el periódico y el cine, entre otros.
El maestro como mediador tiene la responsabilidad de ofrecer y propiciar un ambiente cordial y efectivo de comunicación mediante el cual sea posible establecer relaciones que posibiliten aprendizajes significativos, cambiando el modelo bancario predominante por espacios de discusión reflexión, análisis y construcción de conocimiento. Asumir conscientemente el papel de mediador - no de depositante- de conocimiento utilizando las nuevas tecnologías a favor de la comunicación acorde a los nuevos tiempos y que demandan los jóvenes de hoy.

viernes, 19 de junio de 2009

“Concepciones del aprendizaje”



Para abordar el tema comenzaremos por clarificar qué entendemos por competencias; si buscamos en un diccionario encontraremos que competencias es la capacidad o aptitud para realizar una determinada actividad; es la posibilidad que tiene una persona, en términos de conocimiento y facilidad, para llevar a cabo una tarea o desempeñar un trabajo. Para Gutiérrez–Vázquez[1] hablar de competencias es referirse “…a un desempeño eficaz y eficiente en el que se ponen en práctica conocimientos, habilidades mentales y motoras, procedimientos, valores, actitudes y sentimientos. Tal actuación o desempeño es evaluable y es transferible a diversas situaciones; involucra tanto la capacidad como la disposición para hacer las cosas y para hacerlas bien. La competencia no es entonces una suma, es una convergencia, una integración de saberes, sentires y creencias en constante proceso de desarrollo”. O tal y como lo plantea Philippe Pérrenoud[2] : “una competencia es la facultad de movilizar un conjunto de recursos cognoscitivos (conocimientos, capacidades, información, etc.) para enfrentar con pertinencia y eficacia a una familia de situaciones”. Pongamos por ejemplo un maestro albañil al que le entregan un plano elaborado por un arquitecto: con el plano en las manos el maestro albañil tendrá que enfrentar, competentemente, situaciones que no fueron consideradas por el arquitecto en el momento de hacer el plano, V.gr. humedad de la tierra o de las fincas colindantes, tomas de los servicios, calidad de los materiales, posición del sol con respecto a las ventanas, etc., de manera que se verá impelido a hacer las adecuaciones y actualizaciones sobre la marcha.


Desde esta perspectiva, podemos argumentar que de las concepciones de aprendizaje más relevantes que existen en el mundo y que se han aplicado en los diversos sistemas educativos por ofrecer mayor congruencia con el modelo por competencias están las siguientes:


Constructivismo. (J.Piaget)

* En los tres estadios de desarrollo cognitivo universales - sensorio-motor, estadio de las operaciones concretas y estadio de las operaciones formales - la actividad es un factor importante para el desarrollo de la inteligencia
* Construcción del propio conocimiento mediante la interacción constante con el medio.
* Aprender no significa ni reemplazar un punto de vista por otro ni simplemente acumular nuevo conocimiento sobre el viejo, sino más bien transformar el conocimiento.

Aprendizaje significativo (Ausubel y J. Novak)
* El aprendizaje debe ser significativo, no memorístico.

* Los nuevos conocimientos deben relacionarse con los saberes previos que posea el aprendiz.
* Defiende el aprendizaje por recepción donde el profesor estructura los contenidos y las actividades a realizar (organizadores previos) para que los conocimientos sean significativos para los estudiantes.

Socio-constructivismo (Basado en las ideas de Vigotski)

* Considera a los aprendizajes como un proceso personal de construcción de nuevos conocimientos a partir de los saberes previos.
* Aprender es una experiencia social donde el contexto es muy importante.
* El lenguaje juega un papel básico como herramienta mediadora, no solo entre profesores y alumnos, sino también entre estudiantes, que así aprenden a explicar y argumentar.
* Aprender significa "aprender con otros", recoger también sus puntos de vista. La socialización se va realizando con "otros" (iguales o expertos).
* El interactuar con los especialistas y con los iguales puede ofrecer un "andamiaje" donde el aprendiz puede apoyarse (ZDP).
* Destaca que todo aprendizaje tiene lugar en un contexto (Aprendizaje situado) en el que los participantes negocian los significados (aprendizaje colaborativo), recogen estos planteamientos.
* El aula debe ser un campo de interacción de ideas, representaciones y valores.
* La interpretación es personal, de manera que no hay una realidad compartida de conocimientos. *Cada uno construye (reconstruye) su conocimiento según sus esquemas, sus saberes y experiencias previas y su contexto.

Si establecemos un esquema de comparación entre las tres concepciones encontraremos algunos puntos de coincidencia. Sin embargo, es evidente que el socioconstructivismo ofrece todas las características apropiadas que se apegan al modelo de competencias; le otorga especial importancia al contexto, al lenguaje como medio de expresión y argumentación, al trabajo en sociedad (colaborativo), al aula como arena donde se combate con ideas, y la interpretación personal de la realidad a partir de sus saberes y experiencias previas, entre otras.


[1] Citado en la Introducción a la Unidad 2, Planeación por competencias, del módulo 2, en la especialidad Competencias docentes para la Educación Media Superior.
[2] Tomado de “Construir competencias”, Entrevista con Philippe Pérrenoud, Material de trabajo proporcionado por UPN durante la semana 4, Unidad 2, del Módulo 2, de la especialidad Competencias docentes para la Educación Media Superior.

El aprendizaje


¿El aprendizaje es algo tan trivial que se puede observar y medir con base en unas simples preguntas a propósito de unos contenidos cualesquiera?


Desde luego que el aprendizaje no es “algo” trivial. El aprendizaje significativo (todo aprendizaje es significativo en mayor o menor grado) es el resultado de un proceso mediante el cual el sujeto cognoscente está en contacto con su realidad a la cual cambia, con intención o sin ella, después de haber estado en contacto con diversos contenidos que mueven esquemas y le hacen construir o re-construir esa realidad.


En tal virtud, podemos asegurar que no podemos medir el aprendizaje con unas simples preguntas. El aprendizaje se da en el interior del individuo en un fenómeno complejo de acomodamiento de conocimientos viejos (conocimientos previos) con los conocimientos nuevos. Para muchos maestros de los diferentes niveles educativos la forma de comprobar – ésta si trivial - que existe aprendizaje en sus alumnos es aplicar un examen único de conocimientos, estandarizado, en donde se colocan datos que el maestro alguna vez mencionó o dictó en clase, luego entonces el alumno tendrá que haber aprendido esa información y plasmarla en el examen tal y como la expuso o dictó el profesor, en lugar de dar respuesta a preguntas complejas que exigen más de una respuesta.


Por otra parte, sabemos que el conocimiento no es medible y por tanto no susceptible de adjudicársele una calificación – y menos estandarizada - , aun cuando en las escuelas se siguen aplicando exámenes llenos de datos informativos que angustian a los jóvenes. Los datos memorizados no indican que haya conocimiento, quizá lo que sí hay es una habilidad de retención en una memoria de corto plazo, pero no conocimiento. La evaluación, entonces, no debe constreñirse sólo a la memorización de una determinada información, sino a una identificación de las competencias que el sujeto adquirió. Ahora bien, pensar que todos los sujetos aprenden de la misma forma y al mismo ritmo es estar en un error, por ello es de especial importancia que el profesor tome muy en cuenta las diferencias individuales que tienen que ver con el desarrollo personal del alumno, el contexto en el que vive, su situación económica y emocional, entre otras.

viernes, 15 de mayo de 2009

“Los saberes de mis estudiantes”


1) Lo que nuestros estudiantes saben hacer en Internet
Por los comentarios que he escuchado y observado de mis propios alumnos me doy cuenta que la mayoría sabe cómo bajar música y grabarla en una memoria (Ipod) o CD; Saben y les gusta subir y bajar videos y fotografías, incluso algunos espeluznantes como ejecuciones, o eróticos (me los han mostrado); Saben llevar a cabo una conversación por el Messenger y enviar correos (e-mails); Saben buscar información en diccionarios o en páginas; utilizan los buscadores (Yahoo, Google, youTube…) para localizar información; algunos pocos han comprado por “mercado libre”; Saben sumarse a grupos de perfiles como Facebook, Hi5 y Sónico (algunos estudiantes están conmigo en este tipo de grupos).

Agrego que cuando les he pedido que busquen alguna información como tarea o simplemente para ilustrar la clase prácticamente nunca me han fallado; tampoco me han expresado que eso represente alguna dificultad para ellos.

2) ¿Cuál es la estrategia que construimos con ellos para aprovechar esos saberes en las actividades de aula?
En realidad no hemos construido alguna estrategia. Para ser sincero sólo hemos utilizado esos saberes para investigar palabras o algunos temas de relevancia (Incluyendo noticias), los cuales entregan por escrito o exponen a sus demás compañeros en la clase. Recientemente la escuela se hizo de un proyector (cañón) con el cual se llevan a cabo algunas exposiciones en power point y con imágenes bajadas de internet.

3) ¿Quiénes van a enseñar a quiénes, qué les enseñarán? y ¿dónde lo harán?
Yo creo que de los saberes prácticos que he mencionado la mayoría de los estudiantes saben aplicarlos; afortunadamente su clase de informática les ha sido de mucha utilidad; sin embargo, creo que los que saben pueden instruir a los que no saben, lo primero que se puede hacer es que todos sepan cómo crear una cuenta de correo electrónico, enviar y recibir información en archivos, utilizar los diversos buscadores de internet, visitar bibliotecas digitales, trabajar con una WebQuest y abrir un blog, entre otras; sus domicilios particulares o incluso el cibercafé pueden ser excelentes lugares para compartir dichos saberes; también se puede recibir la tutoría de un compañero en linea.

Respecto a las evidencias de aprendizaje creo que no hay nada mejor que la práctica, esto es, basado en la demostración de lo aprendido; por ejemplo, formar un directorio con los correos electrónicos de todos los alumnos y el envío de trabajos en archivos anexos en donde se citen las páginas consultadas; la visita al blog y comentar las entradas, entre otros.




MI AVENTURA DE SER MAESTRO


Mis inicios

Como muchos, me inicié en una escuelita rural, alejada de la ciudad y de difícil acceso, a la cual llegué, junto con otro compañero, en un camión “pollero”, entre costales de harina, azúcar, sal, cajas de pastas y otros víveres.


Después de repasar muchas veces el tema que expondría al día siguiente, subsistía en mí un nerviosismo casi incontrolable. Sería mi primera clase formal ante un grupo de secundaria. Después de la presentación, siguiendo un guión preestablecido, inicié con el tema – era de español, lo recuerdo – “El circuito del habla”, procurando caerles bien a “mis” alumnos. El tiempo transcurría lentamente y se me agotó el tema sin haber llegado a los cincuenta minutos. A pesar del intenso estudio, los nervios y la inseguridad eran comunes en los primeros días, sin embargo, con la confianza ganada hacia los alumnos y los compañeros maestros me fui posesionando de mayor seguridad. En realidad lo que hacíamos era adoptar poses y actitudes aprendidas de nuestros maestros.


A diferencia de otros compañeros que procedían de universidades, desde el principio tuve el gusto de formarme como profesor de educación media, con especialidad en ciencias sociales, por lo que me quedó muy claro cual sería mi misión en el ejercicio de la profesión docente. Lo cierto es que a pesar de mi inexperiencia, propio de los primeros ensayos, disfruté la libertad del campo, la generosidad de la gente, la nobleza y el cariño de los alumnos, la fraternidad de los compañeros de trabajo, el nuevo status de privilegio y distinción que la sociedad me otorgaba, pero sobre todo de la posibilidad de aprender cada día junto con los muchachos.


En el sentido tradicional de la palabra se entiende por maestro a aquella persona que enseña algo a los demás. Así me sentía, un transmisor de la cultura que iba poniendo a disposición de los estudiantes una serie de conocimientos que les emocionaba recibir. Ellos, los niños y adolescentes también se sentían contentos y orgullosos de estar en la secundaria y se alimentaba ese sentido de pertenencia que hacía mucho más fuerte nuestra relación que se prolongaba durante todo el día, todos los días de la semana.


Acerca de la profesión

La profesión de educador no puede mezclarse con otro tipo de ocupaciones. Quien elija esta profesión debe estar consciente que al mismo tiempo renuncia a la posibilidad de dedicarse a otra ocupación. Quien sirve a dos amos con alguno queda mal. Así, a sabiendas que esta no es una profesión en donde vayamos a hacernos ricos, debemos estar dispuestos a dedicarnos de tiempo completo a la vocación que libremente escogimos. Una vez que ya estamos instalados dispongámonos a disfrutar de una de las profesiones más enriquecedoras que nos ofrece la vida. ¿Acaso es poco volver a escuchar las risas juveniles y nosotros mismos sentirnos jóvenes nuevamente? ¿Será egoísmo? No lo se, pero a diferencia de otros compañeros que ven a los estudiantes como si fueran adversarios, me gusta conversar con ellos, conocer de sus familias, de sus intereses, de sus proyectos.


Me gusta concluir la jornada, sintiéndome satisfecho con lo logrado, aunque confieso que en ocasiones termino con algo de frustración. Entro en conflicto cuando los resultados de una clase no responden a mis expectativas, cuando observo que el desempeño de algunos profesores no corresponde a los compromisos establecidos en colectivo, o bien, que la parte formativa del alumno es deficiente. Creo que lo que no podemos hacer es permanecer impasibles ante circunstancias adversas; el maestro por definición es factor de cambio y debemos hacer valer esta premisa, poniendo en práctica la tolerancia, pero sobre todo, con mucho humanismo y amor hacia lo que hacemos.

Herramientas básicas
El hombre no es, el hombre va siendo, se va diseñando y construyendo conforme se prepara y se enriquece de nuevas experiencias. Se presupone el deseo de aprender, cuando éste existe se ha dado el primer paso. La mayoría de los docentes que trabajamos en el nivel medio superior carecemos de los conocimientos básicos de planeación – desde un ciclo completo hasta aterrizarlo en clase por clase - y evaluación, por ello necesitamos urgentemente talleres para el conocimiento de instrumentos de evaluación escolar. Y, en general, todo lo referente a la gestión escolar, entendida ésta como la utilización de técnicas, procedimientos y métodos que nos faciliten el logro de los objetivos y metas planteados. Dejar la improvisación y administrar nuestros procesos de control y gestión, colocando al alumno en el centro de nuestra atención.

En el aula
Todo inicio es difícil. Cuando el profesor novato - fue mi caso - hace sus primeras apariciones ante los grupos, la duración de la clase parece interminable, sudan las manos y la mente trabaja vertiginosamente indagando qué más se puede añadir, o preguntando desesperadamente si algún estudiante desea agregar algo. Es la falta de “colmillo” dirían algunos maestros más antiguos. Y es que el mismo ímpetu juvenil desborda ansiosamente tratando de abarcar lo máximo, sin hacer cálculos de los tiempos.


Hoy en día observo con mayor parsimonia el desarrollo de las sesiones. Creo que he aprendido a utilizar diferentes tonos de voz, procurando atraer la atención de la clase. Pienso que existe una gran similitud entre la profesión de actor y la de maestro; ambos se posesionan de sus roles y aparecen en un escenario, haciendo que su público viva con intensidad la trama. La intencionalidad de actor y maestro es llegar hasta lo más profundo de los sentimientos, de las sensaciones, de la imaginación y, por tanto, de la inteligencia. Hacer el rol de actor, o lo que sea necesario hacer con tal de llegar a motivar intensamente al joven ¿no es acaso apasionante?


Lo señalado en el párrafo anterior, por supuesto que requiere de cierto dominio en la comunicación verbal y gestual, de manera que el alumno conozca, lea e interprete hasta los más mínimos detalles en el rostro y en las manos del profesor. No se puede concebir al maestro inexpresivo que se la pasa detrás del escritorio, dictando en tono lineal, con apariencia de soberbio y “de pocas pulgas” que ve a los alumnos como seres inferiores, colocando un muro entre él y los estudiantes. Decimos que tienen “sangre de atole” aquellas personas que se muestran impasibles ante todo lo que puede ocurrir en su espacio inmediato y que con su actitud se ganan la indisciplina del grupo. Para ellos no pasa nada, es normal en un grupo de jóvenes adolescente a los cuales no han sabido conquistar con un trabajo bien organizado, con dominio de los temas abordados, con la “buena presencia” y con un dinamismo evidente. Para este tipo de profesores – que abundan – todo es rutina y por tanto, cansado y aburrido: los mismos problemas de siempre, los mismos programas, sus mismas libretas de notas. Todo igual cada año, y así, esperando la jubilación… Los estudiantes no son tontos y saben ubicar fácilmente a los maestros “barcos” a los “exigentes” a los “buena onda” y actuarán en consecuencia, dependiendo de la actitud que el profesor refleje y estarán dispuestos a exigir o bien a negociar con responsabilidad. El profesor marca la pauta.

Mis satisfacciones
La vida es un ciclo; contiene dentro de sí diferentes etapas enlazadas las unas con las otras. En esta parte de mi vida miro hacia atrás y observo lo poco que he caminado. Tal vez he hecho muchas paradas o quizá solamente estoy inconforme con lo avanzado. Es probable que desee abarcar mucho más. “Así es el corazón humano – me decía una Maestra muy querida - nunca se llena”. Mas no podemos decir que todo sabor es amargo, a final de cuentas predominan los sabores dulces de nuestra profesión. Así lo demuestra el cariño con que vemos a señores y señoras que hace diez, veinte o más años fueron nuestros alumnos y que hoy son ciudadanos honestos, responsables y trabajadores, independientemente de su ocupación o profesión. Nombres, detalles, acontecimientos… todo se acumula en gratos recuerdos.


Y los ciclos se repiten año con año, generaciones van y generaciones vienen en un proceso interminable. Y nosotros estamos aquí intentando renovarnos ¿o acaso reinventarnos?

MI CONFRONTACIÓN CON LA DOCENCIA




Transcurría el año 1970, cuando apenas cumplía doce años de edad, el director del centro de catequesis al que asistía todos los domingos me pidió que le apoyara atendiendo un pequeño grupo de niños, de primero o de segundo, no recuerdo bien, lo que sí recuerdo es que estuve colaborando ahí hasta los quince años de edad ejerciendo el magisterio de la doctrina sagrada católica. Más tarde, en el año 1975, formando parte de las filas del 35/o. Batallón de Infantería, establecido en la ciudad de Guadalupe, Zacatecas y una vez que hube alcanzado el grado de Cabo de Infantería, se me ordenaba con frecuencia que impartiera “academia” a los soldados; bajo el concepto de academia se entiende en el ejército el estudio y análisis de los preceptos normativos contenidos tanto en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, como en diversos ordenamientos castrenses. Si bien es cierto aquí presento dos extremos de mis inicios en el ejercicio de la docencia “lírica”, también es cierto que lo disfrutaba, me sentía una persona privilegiada al tener la capacidad de resolver dudas de otras personas, pero además con un enorme compromiso que me obligaba a investigar y estudiar cada vez más. Fue en esta etapa de mi vida que le solicité al comandante del Batallón la oportunidad de estudiar la preparatoria (de dos años en aquel tiempo), privilegio extraordinario que me concedió sin exceptuarme de ningún servicio. Entre servicios y salidas a la sierra a localizar y destruir enervantes terminé la prepa en un pueblito en el que estaba destacamentado en una Partida Militar.


En 1980, libre ya de mi compromiso en el ejército mexicano ingresé a la Escuela Normal Superior “Juana de Asbaje” de Zamora, Michoacán, con el claro propósito de formarme como profesor de educación media; al terminar el primer grado fui contratado para sustituir a una maestra de la escuela preparatoria de donde yo había egresado; en realidad sólo hice trabajo administrativo y eventualmente impartía clases de educación física. Al año siguiente me otorgaron la basificación y al mismo tiempo la dirección de una secundaria pequeña, conformada sólo por tres grupos. Creo que fue ahí donde verdaderamente comenzó a desarrollarse aquella vocación que se gestaba desde mis primeros años, ahora como un profesional de la educación. Como director y profesor de grupo realmente me sentía en un sueño pues era una posición social que en mi familia nunca había soñado nadie en alcanzar y más porque en aquella comunidad se me distinguía como asesor del comisariado ejidal, representaba a los papás cuando se trataba de pedir a las novias, coordinaba obras materiales y de beneficio social, entre otras funciones delegadas por la sociedad en mi persona.


Dos años después fui llamado por el Secretario de Educación para pedirme le apoyase con la dirección de una escuela secundaria y una escuela preparatoria, al mismo tiempo; el reto era grande pero acepté impartiendo clases y dirigiendo en ambas escuelas. Porqué negar que me sentía alguien importante en la vida si la realidad superaba mis más caros sueños; hasta el momento había respondido a la confianza de mis superiores y había logrado conjuntar los esfuerzos de maestros, estudiantes, padres de familia y autoridades civiles. Eran años de estudio y preparación intensa para afrontar las responsabilidades académicas de cada día.


Sin embargo, ya ubicado en la capital del Estado, sentía que como profesor de ciencias sociales algo me faltaba… Estaba por concluir la normal superior pero deseaba prepararme más, así que ingrese a la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Zacatecas y egresé como Licenciado en Derecho. Después de siete años de trabajo en una escuela secundaria nocturna para trabajadores me invitaron a colaborar en la Secretaría de Educación donde alcancé los puestos de Secretario Particular del Secretario de Educación y Cultura y Coordinador Estatal de Bibliotecas.


Apenas el año pasado obtuve el grado de Maestro en Educación, coincidiendo con mi regreso a las aulas, después de quince años de estar ausente. Actualmente laboro en la Escuela preparatoria “Víctor Rosales” de Calera Zacatecas. Verdaderamente ha sido un regreso extraordinario pues he vuelto a sentir el gusto de convivir con los jóvenes, de compartir y disfrutar momentos muy, pero muy especiales. Cada día es único e irrepetible, la mayoría de las veces de goce y satisfacción, otras, las menos, de decepción, Todo en un proceso cíclico, no lineal ni mucho menos rutinario, en el que nos renovamos continuamente para estar frescos, optimistas y hacer la parte que nos compete para contribuir a la formación de jóvenes, futuros ciudadanos de este país que a veces pensamos se nos está llendo de las manos.


Finalmente, creo que debemos sentirnos orgullosos de trabajar en Educación Media Superior. Fortalezcamos nuestro sentido de pertenencia como vía de consolidación y mejoramiento institucional y personal. De mi parte, ésta, mi profesión, es mi mayor realización, lo que me hace sentir muy afortunado y útil a mi país. ¿Satisfacciones? muchas…