viernes, 15 de mayo de 2009

“Los saberes de mis estudiantes”


1) Lo que nuestros estudiantes saben hacer en Internet
Por los comentarios que he escuchado y observado de mis propios alumnos me doy cuenta que la mayoría sabe cómo bajar música y grabarla en una memoria (Ipod) o CD; Saben y les gusta subir y bajar videos y fotografías, incluso algunos espeluznantes como ejecuciones, o eróticos (me los han mostrado); Saben llevar a cabo una conversación por el Messenger y enviar correos (e-mails); Saben buscar información en diccionarios o en páginas; utilizan los buscadores (Yahoo, Google, youTube…) para localizar información; algunos pocos han comprado por “mercado libre”; Saben sumarse a grupos de perfiles como Facebook, Hi5 y Sónico (algunos estudiantes están conmigo en este tipo de grupos).

Agrego que cuando les he pedido que busquen alguna información como tarea o simplemente para ilustrar la clase prácticamente nunca me han fallado; tampoco me han expresado que eso represente alguna dificultad para ellos.

2) ¿Cuál es la estrategia que construimos con ellos para aprovechar esos saberes en las actividades de aula?
En realidad no hemos construido alguna estrategia. Para ser sincero sólo hemos utilizado esos saberes para investigar palabras o algunos temas de relevancia (Incluyendo noticias), los cuales entregan por escrito o exponen a sus demás compañeros en la clase. Recientemente la escuela se hizo de un proyector (cañón) con el cual se llevan a cabo algunas exposiciones en power point y con imágenes bajadas de internet.

3) ¿Quiénes van a enseñar a quiénes, qué les enseñarán? y ¿dónde lo harán?
Yo creo que de los saberes prácticos que he mencionado la mayoría de los estudiantes saben aplicarlos; afortunadamente su clase de informática les ha sido de mucha utilidad; sin embargo, creo que los que saben pueden instruir a los que no saben, lo primero que se puede hacer es que todos sepan cómo crear una cuenta de correo electrónico, enviar y recibir información en archivos, utilizar los diversos buscadores de internet, visitar bibliotecas digitales, trabajar con una WebQuest y abrir un blog, entre otras; sus domicilios particulares o incluso el cibercafé pueden ser excelentes lugares para compartir dichos saberes; también se puede recibir la tutoría de un compañero en linea.

Respecto a las evidencias de aprendizaje creo que no hay nada mejor que la práctica, esto es, basado en la demostración de lo aprendido; por ejemplo, formar un directorio con los correos electrónicos de todos los alumnos y el envío de trabajos en archivos anexos en donde se citen las páginas consultadas; la visita al blog y comentar las entradas, entre otros.




MI AVENTURA DE SER MAESTRO


Mis inicios

Como muchos, me inicié en una escuelita rural, alejada de la ciudad y de difícil acceso, a la cual llegué, junto con otro compañero, en un camión “pollero”, entre costales de harina, azúcar, sal, cajas de pastas y otros víveres.


Después de repasar muchas veces el tema que expondría al día siguiente, subsistía en mí un nerviosismo casi incontrolable. Sería mi primera clase formal ante un grupo de secundaria. Después de la presentación, siguiendo un guión preestablecido, inicié con el tema – era de español, lo recuerdo – “El circuito del habla”, procurando caerles bien a “mis” alumnos. El tiempo transcurría lentamente y se me agotó el tema sin haber llegado a los cincuenta minutos. A pesar del intenso estudio, los nervios y la inseguridad eran comunes en los primeros días, sin embargo, con la confianza ganada hacia los alumnos y los compañeros maestros me fui posesionando de mayor seguridad. En realidad lo que hacíamos era adoptar poses y actitudes aprendidas de nuestros maestros.


A diferencia de otros compañeros que procedían de universidades, desde el principio tuve el gusto de formarme como profesor de educación media, con especialidad en ciencias sociales, por lo que me quedó muy claro cual sería mi misión en el ejercicio de la profesión docente. Lo cierto es que a pesar de mi inexperiencia, propio de los primeros ensayos, disfruté la libertad del campo, la generosidad de la gente, la nobleza y el cariño de los alumnos, la fraternidad de los compañeros de trabajo, el nuevo status de privilegio y distinción que la sociedad me otorgaba, pero sobre todo de la posibilidad de aprender cada día junto con los muchachos.


En el sentido tradicional de la palabra se entiende por maestro a aquella persona que enseña algo a los demás. Así me sentía, un transmisor de la cultura que iba poniendo a disposición de los estudiantes una serie de conocimientos que les emocionaba recibir. Ellos, los niños y adolescentes también se sentían contentos y orgullosos de estar en la secundaria y se alimentaba ese sentido de pertenencia que hacía mucho más fuerte nuestra relación que se prolongaba durante todo el día, todos los días de la semana.


Acerca de la profesión

La profesión de educador no puede mezclarse con otro tipo de ocupaciones. Quien elija esta profesión debe estar consciente que al mismo tiempo renuncia a la posibilidad de dedicarse a otra ocupación. Quien sirve a dos amos con alguno queda mal. Así, a sabiendas que esta no es una profesión en donde vayamos a hacernos ricos, debemos estar dispuestos a dedicarnos de tiempo completo a la vocación que libremente escogimos. Una vez que ya estamos instalados dispongámonos a disfrutar de una de las profesiones más enriquecedoras que nos ofrece la vida. ¿Acaso es poco volver a escuchar las risas juveniles y nosotros mismos sentirnos jóvenes nuevamente? ¿Será egoísmo? No lo se, pero a diferencia de otros compañeros que ven a los estudiantes como si fueran adversarios, me gusta conversar con ellos, conocer de sus familias, de sus intereses, de sus proyectos.


Me gusta concluir la jornada, sintiéndome satisfecho con lo logrado, aunque confieso que en ocasiones termino con algo de frustración. Entro en conflicto cuando los resultados de una clase no responden a mis expectativas, cuando observo que el desempeño de algunos profesores no corresponde a los compromisos establecidos en colectivo, o bien, que la parte formativa del alumno es deficiente. Creo que lo que no podemos hacer es permanecer impasibles ante circunstancias adversas; el maestro por definición es factor de cambio y debemos hacer valer esta premisa, poniendo en práctica la tolerancia, pero sobre todo, con mucho humanismo y amor hacia lo que hacemos.

Herramientas básicas
El hombre no es, el hombre va siendo, se va diseñando y construyendo conforme se prepara y se enriquece de nuevas experiencias. Se presupone el deseo de aprender, cuando éste existe se ha dado el primer paso. La mayoría de los docentes que trabajamos en el nivel medio superior carecemos de los conocimientos básicos de planeación – desde un ciclo completo hasta aterrizarlo en clase por clase - y evaluación, por ello necesitamos urgentemente talleres para el conocimiento de instrumentos de evaluación escolar. Y, en general, todo lo referente a la gestión escolar, entendida ésta como la utilización de técnicas, procedimientos y métodos que nos faciliten el logro de los objetivos y metas planteados. Dejar la improvisación y administrar nuestros procesos de control y gestión, colocando al alumno en el centro de nuestra atención.

En el aula
Todo inicio es difícil. Cuando el profesor novato - fue mi caso - hace sus primeras apariciones ante los grupos, la duración de la clase parece interminable, sudan las manos y la mente trabaja vertiginosamente indagando qué más se puede añadir, o preguntando desesperadamente si algún estudiante desea agregar algo. Es la falta de “colmillo” dirían algunos maestros más antiguos. Y es que el mismo ímpetu juvenil desborda ansiosamente tratando de abarcar lo máximo, sin hacer cálculos de los tiempos.


Hoy en día observo con mayor parsimonia el desarrollo de las sesiones. Creo que he aprendido a utilizar diferentes tonos de voz, procurando atraer la atención de la clase. Pienso que existe una gran similitud entre la profesión de actor y la de maestro; ambos se posesionan de sus roles y aparecen en un escenario, haciendo que su público viva con intensidad la trama. La intencionalidad de actor y maestro es llegar hasta lo más profundo de los sentimientos, de las sensaciones, de la imaginación y, por tanto, de la inteligencia. Hacer el rol de actor, o lo que sea necesario hacer con tal de llegar a motivar intensamente al joven ¿no es acaso apasionante?


Lo señalado en el párrafo anterior, por supuesto que requiere de cierto dominio en la comunicación verbal y gestual, de manera que el alumno conozca, lea e interprete hasta los más mínimos detalles en el rostro y en las manos del profesor. No se puede concebir al maestro inexpresivo que se la pasa detrás del escritorio, dictando en tono lineal, con apariencia de soberbio y “de pocas pulgas” que ve a los alumnos como seres inferiores, colocando un muro entre él y los estudiantes. Decimos que tienen “sangre de atole” aquellas personas que se muestran impasibles ante todo lo que puede ocurrir en su espacio inmediato y que con su actitud se ganan la indisciplina del grupo. Para ellos no pasa nada, es normal en un grupo de jóvenes adolescente a los cuales no han sabido conquistar con un trabajo bien organizado, con dominio de los temas abordados, con la “buena presencia” y con un dinamismo evidente. Para este tipo de profesores – que abundan – todo es rutina y por tanto, cansado y aburrido: los mismos problemas de siempre, los mismos programas, sus mismas libretas de notas. Todo igual cada año, y así, esperando la jubilación… Los estudiantes no son tontos y saben ubicar fácilmente a los maestros “barcos” a los “exigentes” a los “buena onda” y actuarán en consecuencia, dependiendo de la actitud que el profesor refleje y estarán dispuestos a exigir o bien a negociar con responsabilidad. El profesor marca la pauta.

Mis satisfacciones
La vida es un ciclo; contiene dentro de sí diferentes etapas enlazadas las unas con las otras. En esta parte de mi vida miro hacia atrás y observo lo poco que he caminado. Tal vez he hecho muchas paradas o quizá solamente estoy inconforme con lo avanzado. Es probable que desee abarcar mucho más. “Así es el corazón humano – me decía una Maestra muy querida - nunca se llena”. Mas no podemos decir que todo sabor es amargo, a final de cuentas predominan los sabores dulces de nuestra profesión. Así lo demuestra el cariño con que vemos a señores y señoras que hace diez, veinte o más años fueron nuestros alumnos y que hoy son ciudadanos honestos, responsables y trabajadores, independientemente de su ocupación o profesión. Nombres, detalles, acontecimientos… todo se acumula en gratos recuerdos.


Y los ciclos se repiten año con año, generaciones van y generaciones vienen en un proceso interminable. Y nosotros estamos aquí intentando renovarnos ¿o acaso reinventarnos?

MI CONFRONTACIÓN CON LA DOCENCIA




Transcurría el año 1970, cuando apenas cumplía doce años de edad, el director del centro de catequesis al que asistía todos los domingos me pidió que le apoyara atendiendo un pequeño grupo de niños, de primero o de segundo, no recuerdo bien, lo que sí recuerdo es que estuve colaborando ahí hasta los quince años de edad ejerciendo el magisterio de la doctrina sagrada católica. Más tarde, en el año 1975, formando parte de las filas del 35/o. Batallón de Infantería, establecido en la ciudad de Guadalupe, Zacatecas y una vez que hube alcanzado el grado de Cabo de Infantería, se me ordenaba con frecuencia que impartiera “academia” a los soldados; bajo el concepto de academia se entiende en el ejército el estudio y análisis de los preceptos normativos contenidos tanto en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, como en diversos ordenamientos castrenses. Si bien es cierto aquí presento dos extremos de mis inicios en el ejercicio de la docencia “lírica”, también es cierto que lo disfrutaba, me sentía una persona privilegiada al tener la capacidad de resolver dudas de otras personas, pero además con un enorme compromiso que me obligaba a investigar y estudiar cada vez más. Fue en esta etapa de mi vida que le solicité al comandante del Batallón la oportunidad de estudiar la preparatoria (de dos años en aquel tiempo), privilegio extraordinario que me concedió sin exceptuarme de ningún servicio. Entre servicios y salidas a la sierra a localizar y destruir enervantes terminé la prepa en un pueblito en el que estaba destacamentado en una Partida Militar.


En 1980, libre ya de mi compromiso en el ejército mexicano ingresé a la Escuela Normal Superior “Juana de Asbaje” de Zamora, Michoacán, con el claro propósito de formarme como profesor de educación media; al terminar el primer grado fui contratado para sustituir a una maestra de la escuela preparatoria de donde yo había egresado; en realidad sólo hice trabajo administrativo y eventualmente impartía clases de educación física. Al año siguiente me otorgaron la basificación y al mismo tiempo la dirección de una secundaria pequeña, conformada sólo por tres grupos. Creo que fue ahí donde verdaderamente comenzó a desarrollarse aquella vocación que se gestaba desde mis primeros años, ahora como un profesional de la educación. Como director y profesor de grupo realmente me sentía en un sueño pues era una posición social que en mi familia nunca había soñado nadie en alcanzar y más porque en aquella comunidad se me distinguía como asesor del comisariado ejidal, representaba a los papás cuando se trataba de pedir a las novias, coordinaba obras materiales y de beneficio social, entre otras funciones delegadas por la sociedad en mi persona.


Dos años después fui llamado por el Secretario de Educación para pedirme le apoyase con la dirección de una escuela secundaria y una escuela preparatoria, al mismo tiempo; el reto era grande pero acepté impartiendo clases y dirigiendo en ambas escuelas. Porqué negar que me sentía alguien importante en la vida si la realidad superaba mis más caros sueños; hasta el momento había respondido a la confianza de mis superiores y había logrado conjuntar los esfuerzos de maestros, estudiantes, padres de familia y autoridades civiles. Eran años de estudio y preparación intensa para afrontar las responsabilidades académicas de cada día.


Sin embargo, ya ubicado en la capital del Estado, sentía que como profesor de ciencias sociales algo me faltaba… Estaba por concluir la normal superior pero deseaba prepararme más, así que ingrese a la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Zacatecas y egresé como Licenciado en Derecho. Después de siete años de trabajo en una escuela secundaria nocturna para trabajadores me invitaron a colaborar en la Secretaría de Educación donde alcancé los puestos de Secretario Particular del Secretario de Educación y Cultura y Coordinador Estatal de Bibliotecas.


Apenas el año pasado obtuve el grado de Maestro en Educación, coincidiendo con mi regreso a las aulas, después de quince años de estar ausente. Actualmente laboro en la Escuela preparatoria “Víctor Rosales” de Calera Zacatecas. Verdaderamente ha sido un regreso extraordinario pues he vuelto a sentir el gusto de convivir con los jóvenes, de compartir y disfrutar momentos muy, pero muy especiales. Cada día es único e irrepetible, la mayoría de las veces de goce y satisfacción, otras, las menos, de decepción, Todo en un proceso cíclico, no lineal ni mucho menos rutinario, en el que nos renovamos continuamente para estar frescos, optimistas y hacer la parte que nos compete para contribuir a la formación de jóvenes, futuros ciudadanos de este país que a veces pensamos se nos está llendo de las manos.


Finalmente, creo que debemos sentirnos orgullosos de trabajar en Educación Media Superior. Fortalezcamos nuestro sentido de pertenencia como vía de consolidación y mejoramiento institucional y personal. De mi parte, ésta, mi profesión, es mi mayor realización, lo que me hace sentir muy afortunado y útil a mi país. ¿Satisfacciones? muchas…