La educación consiste en un proceso de aprendizajes que tiene lugar durante toda la vida del ser humano. Casi desde el momento de nacer y hasta el momento de morir los individuos se encuentran sujetos a ciertos estímulos exteriores que son los que determinan en última instancia su forma de actuar, su manera de pensar, sus capacidades y aptitudes. Dichos estímulos son generados a partir de un primer círculo familiar y se va extendiendo en diferentes entornos sociales en donde interacciona el individuo. De ahí que podemos asegurar que el proceso educativo comienza en el hogar, con los padres y los hermanos, en principio, y con los abuelos, primos y tíos, después. Es en el hogar donde se pronuncian los primeros balbuceos que más tarde se convertirán en sílabas y finalmente en palabras, frases y oraciones que, a fuerza de escucharlas con frecuencia y repetirlas reiteradamente, se van quedando grabadas en la inteligencia.
Sin embargo existe “algo” que vincula – además del parentesco- a unas personas con otras. Ese “algo” que sirve como hilo conductor de ideas es el lenguaje, base de toda comunicación mediante el cual los conocimientos se van transmitiendo de persona a persona y de generación en generación. Así, entendemos por educación, en sentido amplio, la construcción de significados que el individuo realiza a partir de la interacción que tiene con otros seres de su misma especie en su entorno inmediato. Luego entonces, en sentido estricto, la educación es la construcción de significados que tienen como base la comunicación; entendida como el conjunto de recursos personales, psicológicos y pedagógicos que un profesor o profesora utiliza o puede utilizar en su relación con el alumnado para establecer una buena comunicación cargada de sensibilidad y afectividad para ayudarle en su crecimiento.
Las formas de comunicación en el salón de clases deben ser de tal manera que prive un ambiente en donde predomine la armonía y sea tierra fértil para el fomento de la enseñanza aprendizaje. Deben ser comunes las miradas comprensivas, el estímulo, las palabras acariciantes y llenas de ánimo. Un ambiente lleno de afecto ayuda a aprender.
Ante el bombardeo constante de los medios de comunicación, la tarea de la educación es contribuir a la formación de perceptores críticos, y creadores, capaces de asumir actitudes de reconfiguración, construcción y búsqueda del verdadero significado de las imágenes y símbolos en el que niños, jóvenes y adultos están inmersos para no permitir que sean alienados y desubicados con respecto a la realidad.
Del mismo modo, considerando que toda tecnología tiende a crear un nuevo mundo circundante para el hombre, es pertinente reflexionar sobre otras formas de comunicación, entendiendo con ello que no tenemos por que “casarnos” exclusivamente con alguna de ellas. Al final de cuentas todas las formas de expresión de ideas son importantes.
En la educación tradicional priva el modelo unidireccional de comunicación que es llamado modelo bancario de comunicación. Se caracteriza por ser de tipo transmisor porque el profesor (emisor) deposita información en sus estudiantes (los receptores) para que sea reproducida fielmente. El emisor envía mensajes permanentemente a sus receptores y estos mensajes no tienen retorno, no tienen respuestas porque no hay interactividad, ni comunicación de doble vía. El uso pedagógico de las nuevas tecnologías en la educación obliga a la interactividad; que se puede dar a través de teléfono, fax, Internet, correo electrónico, correo tradicional. Los mensajes que se articulen a través de estos medios deben ser bidireccionales. Cuando el profesor habla o elabora un texto escrito, un material audiovisual, o también cuando escribe en el tablero o en el papelógrafo, o cuando lo hace en acetatos o produce un video, un sonoviso, o cuando se encuentra realizando una teleclase, debe pensar en sus alumnos y en las posibilidades para una mejor comprensión.
Las relaciones pedagógicas que se establezcan tanto en las aulas presenciales, como a distancia y a través de la educación virtual -entre profesores y estudiantes y estudiantes entre sí- son actos intrínsecamente culturales que inciden profundamente en la calidad de la educación y en el desarrollo humano. Si todo lo que el hombre hace está mediado; si no hay ser humano posible sin mediaciones; reconozcamos entonces como un espacio amplio de reflexión y de trabajo la mediación educativa. Es preciso por parte de los docentes de todos los niveles y de todas la áreas, una revisión y análisis desde la mediación pedagógica de cada uno de los medios y materiales que se utilizan para la educación; desde la voz, y el gesto, pasando por el libro hasta el hipertexto o las redes: textos, fotocopias, videos, materiales electrónicos, para que verdaderamente acompañen y promuevan el aprendizaje de los estudiantes y contribuyan a su formación integral y a una educación de calidad.
Las Nuevas Tecnologías han impactado de tal manera la sociedad que es imposible prescindir de ellas, bien sea que la escuela, el aula o espacio didáctico, las tenga o no. Sin embargo, su utilización es la de mediadoras entre el docente, el saber (objeto de estudio) y el estudiante. Hasta ahora se ha descuidado el papel del educador como mediador y el papel de estas tecnologías como mediadoras de los procesos de enseñanza y de aprendizaje. Al entender las nuevas tecnologías como mediadoras, se hace necesario enfatizar que éstas no van a eliminar los problemas conceptuales que deben ser resueltos por el docente y el estudiante. La forma como conoce el docente, sus pensamientos, sus creencias en torno al saber específico y pedagógico, es reflejada mediante la tecnología que él escoja para proponer el objeto de estudio ante la clase. Nuestra experiencia de la realidad es transformada cuando usamos instrumentos, en este sentido las realidades presentadas por los medios son alienantes. La tecnología tampoco es neutra, en el sentido de que su uso proporciona nuevos conocimientos del objeto, transformando, por la mediación, la experiencia intelectual y afectiva del ser humano, individualmente y en colectividad;
Por ello, se necesita que el docente se comprometa a cambiar la manera de mediar el conocimiento y, por supuesto, cambie el modo de entregarlo a los estudiantes. Lo cual conduce a la reelaboración de los fines de la educación y a multiplicar los destinatarios de la misma. En este sentido se hace necesario reflexionar sobre la función social del saber que se obtiene y se desarrolla a través de la Mediación Pedagógica, en donde necesariamente entran en escena el maestro, el estudiante, el conocimiento, las nuevas tecnologías de comunicación e información y la cultura en un entorno específico.
La manera de abordar al proceso didáctico tiende a otorgarle relevancia a la comunicación en sus diversas formas, aspecto que muchos profesores pasamos por alto la mayoría de las veces. Aquí encontramos la importancia que revisten las actitudes gestuales, mímicas, de expresión corporal, entonación y modulación de la voz. En este sentido, pues, debemos concebir al docente como una persona experta en el dominio del escenario que puede ser el salón de clases u otro espacio didáctico.
Por otra parte, entendemos que así como los medios de comunicación pueden llegar a convertirse en factores alienantes para los alumnos, podemos utilizar a favor de la educación, con sentido crítico y reflexivo, todos los recursos habidos y por haber, desde la voz hasta la televisión, el video, el hipertexto, rotafolio, el periódico y el cine, entre otros.
El maestro como mediador tiene la responsabilidad de ofrecer y propiciar un ambiente cordial y efectivo de comunicación mediante el cual sea posible establecer relaciones que posibiliten aprendizajes significativos, cambiando el modelo bancario predominante por espacios de discusión reflexión, análisis y construcción de conocimiento. Asumir conscientemente el papel de mediador - no de depositante- de conocimiento utilizando las nuevas tecnologías a favor de la comunicación acorde a los nuevos tiempos y que demandan los jóvenes de hoy.





