jueves, 19 de enero de 2012

"Ser o no ser"



Ser, o no ser. Esa es la cuestión.
Ante el compromiso que la Dirección de la Escuela se ha echado a cuestas respecto a la construcción de un plan estratégico institucional y con la libertad que se me ha conferido para opinar acerca del mismo y proponer posibles cambios o mejoras, con el debido respeto me permito expresar lo siguiente:
Con la cuestionable inserción de nuestro país al club de los países desarrollados afiliados a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el Estado mexicano se ha visto impelido a adoptar políticas públicas comunes mediante las cuales todos los países miembros se comprometen a planear, ejecutar y evaluar de conformidad a los estándares que son fijados por la propia organización. Estándares que, es justo reconocerlo, muchas veces se contradicen con nuestros modos de ser, con nuestros hábitos y costumbres derivados de una cultura que se reproduce como característica que le da un sello personal al Ser mexicano. Entre esos modos de ser, aunque no exclusivo de los mexicanos, está la resistencia al cambio, resistencia a todo aquello que venga a desestabilizar el statu quo y a movernos de nuestra zona segura, la zona de confort, aquella que ya dominamos y con la cual estamos familiarizados.
Dentro de las políticas públicas que como país estamos obligados a adoptar al ser miembro de la OCDE está la que se refiere al sector educativo, con el deber insoslayable de incorporar a la prestación del servicio todo el conjunto de estándares de planeación, ejecución y evaluación propios de una empresa privada. Es una política neoliberal, dicen sus detractores, como si todo aquello que conlleva una planeación metódica y detallada fuese negativa y por lo contrario hubiese que mantenernos en un sistema de libertades en las “que cada persona asuma el compromiso moral de cumplir”, sin estar sujeto a fiscalización de ninguna especie, más que a la buena voluntad de los prestadores del servicio. Dicho de otra manera, nos rebelamos ante la posibilidad de sujetarnos a reglas que normen nuestro quehacer puesto que es más cómodo poder argumentar la tan llevada y traída “tolerancia”.
Este es el verdadero fondo. Por una parte el currículum oculto de un modelo educativo afín a los intereses del gran capital con el que el Estado Mexicano ya está comprometido y, por la otra, la resistencia a cambiar de modelo. ¿A cambiar de modelo? ¿Cuál modelo practicamos? ¿Acaso en verdad practicamos algún modelo educativo que no estamos dispuestos a dejar? ¿O es que en realidad hay tantos modelos como cada uno de nosotros? O en todo caso, díganme ustedes cuál es el modelo que se practica conscientemente, institucionalmente, como política educativa de esta y otras escuelas. En este sentido, si no estamos convencidos de forma unánime de que en verdad practicamos algún modelo, entonces quizá esta sea la oportunidad de intentar adoptar por lo menos uno, que sea homogéneo en sus tiempos, en sus contenidos, en la estandarización de sus procesos e indicadores, en su planeación y evaluación.
Se equivocan quienes creen que este es un programa de gobierno que, al igual que otros, pronto caerán en el olvido. Este no es un programa, este es un modelo educativo por competencias de cobertura mundial al cual los países en vías de desarrollo estamos llegando tarde. No es coyuntural. No es una invención de nuestros políticos; es una imposición de las nuevas condiciones sociopolíticas y económicas que predominan en el ámbito internacional. Será sumamente difícil que en los próximos lustros pueda haber un retroceso en esta ruta que tenemos marcada. La tendencia será más bien hacia la consolidación.
He escuchado argumentaciones de algunos de mis compañeros en el sentido de que a pesar de nuestras debilidades institucionales existen muchas otras escuelas hermanas que sufren deficiencias mayores, en lo directivo, en lo académico, en lo organizacional y en la disciplina, entre otras.
Podemos aceptar y reconocer que esta ha sido nuestra historia: maestros y directivos improvisados que nos vanos haciendo en la brega. “Unos” –como se dijo en el curso de liderazgo - con ánimo y deseo de transformarse positivamente para ser mejores y prestar un mejor servicio público profesional y los “otros”, simulando, haciendo que trabajan, ante la latente inconformidad por el horario, por la indisciplina, por la ausencia de liderazgo, por el sueldo, por la falta de reconocimiento social, sindical y oficial, en fin… motivos sobran para estar inconformes…
No obstante, el que otras escuelas estén iguales o peores no debe ser ningún consuelo. Me parece que ante una actitud mediocre y conformista debe surgir de nosotros el reto de ser mayormente competitivos. El ser competitivos radica luchar a cada instante por ser mejores y superar cada vez nuestros propios logros. La competencia es contra nosotros mismos, establecer estándares de calidad y superarlos, en una espiral ascendente que nos eleve a mejores estadios no sólo de calidad, sino de excelencia.
Ahora bien, respecto al proyecto de Plan Estratégico, me permito exponer lo que a mi juicio adolece, no sin antes reconocer la sana intención que se antepone para su realización y cuyo objetivo central está en lograr la certificación institucional y lograr acceder a los beneficios que reporta el estar certificados dentro del Sistema Nacional de Bachillerato (SNB).
PRIMERO.- Se requieren datos duros procedentes de un estudio socieducativo en el que se contemplen entre otros aspectos los relativos a la ubicación geográfica, porcentajes de estudiantes por género, capacidad económica, composición religiosa, ocupaciones de los padres de familia, condiciones materiales en las que viven, su relación con las tecnologías de la información, actividades principales en los ratos de ocio, ingresos económicos, etc. Por lo que toca a los docentes, establecer perfiles (por grupos o áreas), preparación profesional, actividades complementarias fuera de las horas laborales, rangos de edad, enfermedades más recurrentes, etc.
SEGUNDO.- La parte académica es fundamental y salvo algunas observaciones en la designación de responsabilidades que me han comentado algunos compañeros, me parece que deben incorporarse al plan los aspectos financiero y material. El financiero partiendo de los recursos con los que contamos, de dónde surgen, a cuanto ascienden en cada unos de sus conceptos: por inscripciones, por exámenes extraordinarios, por cooperaciones voluntarias, por concesiones, etc. y una programación detallada de inversiones de corto, mediano y largo plazo, alineados con las necesidades materiales y planes de ampliación y mejora de los espacios académicos, recreativos, deportivos, anexos, equipamiento, mobiliario, material de oficina, celebraciones, conmemoraciones, convivios, etc. El incluir estos aspectos brinda claridad, transparencia y confianza a todos los involucrados.
TERCERO.- Valorar la posibilidad de establecer principalmente metas realizables, cuantificables y medibles. No tienen que ser tan numerosas, pero sí efectivas.
CUARTO.- Considerar la inclusión de los padres de familia, incorporando sus metas a los objetivos generales de la institución.
QUINTO.- Aun cuando el proyecto hace referencia a “estándares de calidad”, en ninguna parte del documento se precisa y mucho menos se desarrollan estos conceptos. ¿A qué estándares se refiere? ¿Cómo los vamos a medir? O mejor aún, si vamos a incluirlos cuáles son nuestros referentes, por lo menos de los últimos tres años a la fecha para saber cual es el suelo que pisamos para luego voltear hacia el sitio al que deseamos llegar o la meta que pretendemos alcanzar.
Por otra parte, para llevar a cabo este plan ¿No creen que vale la pena plantearnos cómo resolver problemas básicos que nos permitan establecer condiciones mínimas de armonía institucional? ¿A que me refiero? Hace algunos meses se me solicitó la colaboración para legislar en torno al reglamento escolar. Desde su publicación a la fecha no he observado los resultados de su aplicación. Mucho ojo: Cuando una persona trabaja por semanas con ahínco y no observa los resultados de su trabajo viene el desaliento y la resistencia para seguir colaborando. El mejor estímulo del docente – y de cualquier persona - es observar los resultados de su esfuerzo.
Un plan institucional no solo requiere de valores, éstos desafortunadamente muchas veces no trascienden a la persona y sólo se quedan en el libre albedrío de lo que la parte espiritual le dicta, lo grave es que a veces no nos dicta nada. Los valores entonces son palabras huecas, llamadas a misa… demagogia…
Un plan institucional tampoco puede partir sólo con el “compromiso” de los actores. Existen normas creadas que regulan y sancionan la irresponsabilidad, la apatía y la negligencia. Igualmente, existen estímulos para quienes cumplen con sus obligaciones de asistencia, puntualidad y calidad en el trabajo, tanto por la línea sindical como por la oficial. ¿Cuál es el temor a aplicarlas? Si queremos resultados diferentes propongámonos ser diferentes, no eludiendo responsabilidades.
El maestro, el intendente y el administrativo a su quehacer sustantivo y los directivos a planear, supervisar - hoy se dice acompañar – y a cumplir y hacer cumplir las normas tanto para maestros como para alumnos. Sin transferir ni unos ni otros, las responsabilidades que le son propias.
Como docente aspiro a contar con mis listas de asistencia al primer día de labores del semestre, con el 100 % de los alumnos inscritos. Cuando esto ocurra observaré los primeros indicios de que las acciones de calidad se están estandarizando y comenzaré a creer que la calidad institucional llegó a nuestra escuela.
Se puede argumentar que debido a la realidad social esto es imposible. Compañeros: La construcción de la realidad está al alcance de nosotros. Nosotros podemos construir nuestra propia realidad, por lo menos podemos ir comenzando a cambiarla. ¿O es que ni siquiera vamos a intentarlo?
Cuando el 100 % de los alumnos acudan, sin excepción, todos los días de la semana con el uniforme reglamentario comenzaré a creer en la aplicación de acciones – no de compromisos – tendientes a mejorar la disciplina, la actitud y el desempeño académico de los estudiantes.
Cuando se revoque la decisión de permitir a los estudiantes que los viernes pueden venir con ropa normal debido a que fueron ellos los que incumplieron su “compromiso” de venir todos los días perfectamente uniformados, me convenceré que en esta institución se forman a los hombres y mujeres que como adultos sabrán honrar su palabra.
Cuando las primeras aulas – dos o tres, como meta de corto plazo – las que sean, se acondicionen para trabajar bajo el nuevo modelo, con el número de alumnos recomendable y con el mobiliario indicado para trabajo colaborativo, me convenceré que es el inicio efectivo de una nueva etapa. No en el discurso sino en las acciones. Lo anterior incluye revisión y solución a fondo, del sistema eléctrico y equipamiento.
Cuando vea una intensa y organizada clase de educación física que incluya calistenia, tablas gimnásticas, deportes individuales y de conjunto me convenceré que la activación física es una realidad en la formación integral que hasta la fecha sólo está en el discurso.
Cuando observe que los recursos como la energía eléctrica se utilizan de forma óptima, abatiendo significativamente el consumo y los costos, pero sobre todo, cuando vea que “alguien” sistemáticamente supervisa que a determinada hora no debe estar encendida una sola lámpara en toda la institución creeré que se hace efectiva una política de cuidado ecológico y de ahorro económico.
Cuando constate que esa frase tan trillada de que “nuestra prioridad son los estudiantes” se lleve a efecto y trabajemos el 100 % de los días y horas laborables, por los que nos pagan, y cuando todos los maestros entremos a trabajar a los grupos que nos corresponden y cuando vea a los directivos que todos los días y a todas horas – y no sólo cuando se acuerden - supervisan el debido acatamiento a nuestras jornadas laborales, entonces voy a creer que esto va en serio.
Cuando las grandes disparidades y discrepancias en las formas de gestionar el proceso evaluativo se corrijan para homologar procesos; Cuando todos los docentes respetemos y los directivos hagan respetar los calendarios, en día y hora, establecidos para aplicar exámenes ordinarios y extraordinarios; Cuando alumnos y docentes dejen de jugar a la evaluación y se ganen todos el respeto por la firmeza en la toma de decisiones, y el respeto a las acciones estandarizadas, entonces y sólo entonces creeré que estamos preparados para retos mayores.
Señores, en esto de la evaluación vivimos un verdadero desorden y falta de seriedad: maestros que tienen 100% de aprobación y entre 9 y 10 de promedio grupal; maestros que exentan en los periodos; maestros que aplican exámenes ordinarios o extraordinarios más de una vez al mismo alumno en el mismo periodo (Les “ayudan”. Les dan una “oportunidad”, como si no hubiesen tenido las suficientes); maestros cuyo único rasgo a evaluar es el de conocimientos.
¿Y donde está la evaluación continua? ¿Dónde dejamos la evaluación por competencias? ¿Dónde dejamos la autoevaluación y la coevaluación? ¿Dónde dejamos la evaluación de habilidades y actitudes?; son preguntas que exigen respuesta. Y por si fuera poco la irresponsabilidad de algunos que se dan el lujo de entregar cuando quieren los resultados de sus evaluaciones, si es que las entregan y si es que los directivos se las piden ocasionando con ello un freno al trabajo tutorial que también, hay que señalarlo, brilla por su ausencia.
Cuando un compañero maestro, o directivo, con extraordinaria solvencia académica, fiscalice sistematizadamente mis secuencias didácticas, baterías de evaluación y gestión de clase, me convenceré que la aplicación de la reforma está por buen camino.
En fin…
Compañeros:
Como ven, el camino no es fácil. Se requiere el compromiso de todos y algo más. Hay algunos que creen que esto sólo es posible lograrlo en las escuelas privadas.
Para desgracia o para fortuna nuestra trabajamos en escuela pública, luego entonces… sólo nos queda caminar hacia adelante… o quedarnos donde estamos… Ser o no ser, esa es la cuestión
…

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